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Centro de día

Pasar el día en la casa y dormir en la propia, con actividades, almuerzo y controles de salud, de lunes a sábado.

Para quien vive solo o con su familia, se aburre o se aísla durante el día, y todavía quiere volver a su cama de siempre.

Mesa de taller con acuarelas a medio secar, pinceles en un frasco y trabajos colgados de un hilo.

El centro de día resuelve un problema muy concreto: la persona está bien en su casa, pero pasa nueve horas sola mientras la familia trabaja. Esas nueve horas son las que deterioran, no la edad.

Qué se hace en el día

La jornada tiene forma. A media mañana hay movimiento suave, adaptado a quien usa bastón y a quien camina sin ayuda. Después viene el taller, que rota entre memoria, manualidades, huerta y lectura en voz alta. Se almuerza a las doce y media y se duerme la siesta quien la duerme.

La tarde es más suelta: juegos de mesa, música, salir al jardín, terminar lo que quedó a medias en el taller. A las cinco cada uno vuelve a su casa con la merienda hecha y algo para contar.

Lo que se controla

Peso una vez por semana, presión cuando corresponde y una mirada atenta a la medicación de la mañana, que es la que más se olvida en casa. Si algo cambia, la familia se entera el mismo día.

Para la familia

Es la modalidad más barata y la que menos altera la vida de todos. Muchas familias empiezan por acá, prueban dos días por semana y suben cuando ven que la persona vuelve con hambre y con ganas de contar.

Qué incluye.

  • Jornada de nueve a diecisiete horas, con media jornada opcional
  • Desayuno, almuerzo y merienda
  • Taller de memoria, movimiento y actividades manuales
  • Control de presión, peso y medicación
  • Baño asistido si hace falta
  • Traslado coordinado según la zona

La visita se puede pedir ya para centro de día, y así no hay que explicarlo dos veces.

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